En primera instancia: cerrar los ojos y volar.
¿Qué tienes?
Tengo un montón de cosas:
Un miedo terrible,
Decenas de aretes,
Una almohada –detestable testigo de mi estado civil-,
Dos sueños,
Un par de árboles sembrados en algún lado,
La colección de mini libros de arte incompleta,
Un radio-reloj extraterrestre,
Una pila de compactos,
La mejor de las camas rechinantes,
Un buen número de zapatos,
Tres bolsos, dos ‘glosses’,
La manía de quedarme callada,
El vicio de fumar con los ojos casi cerrados,
Muchos asuntos pendientes
Y un colchón con maña.
Pero, sobre todo, tengo el temor latente a cada píldora,
Una monstruosidad callada y consciente
De estar dejando ir esa oportunidad…
Por eso cuando preguntas, respondo ‘nada’.
Y lloro para adentro, con la sonrisa melancólicamente puesta.
Sólo quiero un abrazo y despertar el día en que no vuelva a ver más su rosada superficie.
Y trino...
mayo 12, 2009
mayo 08, 2009
Vamos a guardar este día...
Vamos a guardar este día
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras,
Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.
La atmósfera pesada
de encierro, de amor, de fatiga,
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote.
Todo ese malestar del sexo ahíto,
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos
a través de la sombra para reconciliarnos.
Tu gesto de mujer de piedra,
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas,
domesticabas tu soledad.
Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué.
Y más tarde tu mano apretando la mía,
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho,
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello.
Vamos a guardar este día
entre las horas para siempre.
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras,
Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.
La atmósfera pesada
de encierro, de amor, de fatiga,
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote.
Todo ese malestar del sexo ahíto,
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos
a través de la sombra para reconciliarnos.
Tu gesto de mujer de piedra,
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas,
domesticabas tu soledad.
Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué.
Y más tarde tu mano apretando la mía,
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho,
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello.
Vamos a guardar este día
entre las horas para siempre.
- Jaime Sabines -
abril 24, 2009
Pájaro (Intermezzo)
En primera instancia: cerrar los ojos y volar.
Un parque, la sombra de un árbol y tú.
Criatura conmovida de mirada incierta;
tus piernas están amarradas por esos brazos traicioneros,
con alevosía del sueño volátil de estar siempre más allá.
Yaces enmedio de dos universos tan maravillosos como diferentes:
el primero, de gigantes cíclopes cuya única visión es lo cotidiano;
el otro, de una inmutable ternura, diminuto y murmullante.
Se mueve todo, la vida a golpe de sí misma es movimiento.
Dime, mujer pájaro, ¿qué nueva mano lastró tus alas?
¿qué contrato inusual estás cumpliendo?
¿qué leyes contra natura obedeces?
¿Por qué, mujer pájaro, siendo un fantasmal milagro prefieres maquillarte de común especie descuidada?
¡¿Hasta cuándo el viento será un niño caprichoso?!
"...cuando despierto y voto por el miedo de hoy,
cuando soy lo que soy en un espejo roto,
cuando cierro la casa porque me siento herido,
cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa"
[Nube negra, Joaquín Sabina]
Un parque, la sombra de un árbol y tú.
Criatura conmovida de mirada incierta;
tus piernas están amarradas por esos brazos traicioneros,
con alevosía del sueño volátil de estar siempre más allá.
Yaces enmedio de dos universos tan maravillosos como diferentes:
el primero, de gigantes cíclopes cuya única visión es lo cotidiano;
el otro, de una inmutable ternura, diminuto y murmullante.
Se mueve todo, la vida a golpe de sí misma es movimiento.
Dime, mujer pájaro, ¿qué nueva mano lastró tus alas?
¿qué contrato inusual estás cumpliendo?
¿qué leyes contra natura obedeces?
¿Por qué, mujer pájaro, siendo un fantasmal milagro prefieres maquillarte de común especie descuidada?
¡¿Hasta cuándo el viento será un niño caprichoso?!
**Colofón**
Hoy en verdad necesitaba estar cargada de razones,
para no echar a volar la mente, y dejar espacio a mis viejas amigas
llenas de interrogantes.
Hoy simplemente necesitaba ser la niña de tus ojos, y un abrazo.
[Sencillamente]
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